Buscas Formentera y acabas mirando agua turquesa. Una foto, otra, veinte más. Y sí, cuesta cansarse de ese color. Pero después de un rato me entra curiosidad por todo lo que queda fuera del encuadre. Dónde están los pueblos, qué hay detrás de la playa, por qué aparecen tantas casetas de madera junto al agua.
Tirando de ese hilo en la información de Turismo de Formentera, la isla empieza a parecerme bastante más interesante. Aparecen pequeños puertos, una iglesia que también se pensó para defenderse y un faro donde hay arte contemporáneo. Son cosas que me dan ganas de alargar una escapada, aunque mi primera intención fuera simplemente cruzar desde Ibiza para bañarme.
No tengo una lista de sitios que haya que ver obligatoriamente. De hecho, cuanto más leo, menos me apetece convertir Formentera en una carrera de paradas. Prefiero elegir una zona que me llame de verdad y tener alguna idea de lo que estoy mirando. Estos son los lugares y detalles que me han hecho detenerme un poco más.
Es Caló me ha despertado más curiosidad que otra playa perfecta
En Es Caló de Sant Agustí hay un puerto natural y varaderos de madera para sacar y resguardar las pequeñas embarcaciones. Ese detalle ya cambia la forma de mirar el lugar. Las estructuras que aparecen junto al agua tienen una función; forman parte de la relación del pueblo con el mar.
Los varaderos tradicionales fueron declarados bien de interés cultural en 2002. La documentación de patrimonio explica cómo funcionan sus guías inclinadas de madera y los cobertizos que protegen las barcas. A mí estas cosas me enganchan bastante. Entender para qué sirve algo tan sencillo hace que deje de ser un elemento bonito al fondo de una foto.
El entorno también tiene su gracia. Hacia el oeste están las pequeñas playas de Ses Platgetes; hacia el este, los acantilados de La Mola. Me atrae esa mezcla de pueblo, costa y relieve. Da pie a entretenerse con varias cosas sin que todo gire alrededor de encontrar el sitio exacto donde poner la toalla.
Y aquí sí me apetece dejar hueco para comer. Turismo de Formentera destaca los restaurantes de cocina tradicional de la zona. No tengo una mesa concreta que recomendar ni un plato probado que vender como descubrimiento. Me interesa la idea de buscar cocina local y dedicarle su rato, igual que se lo dedicaría al puerto.
Las playas me interesan más cuando sé en qué se diferencian
Ses Illetes sigue teniendo todo el sentido del mundo. Está al norte, en la península de Es Trucadors, dentro del Parque Natural de Ses Salines de Eivissa y Formentera. Los pequeños islotes que tiene delante explican su nombre. Saberlo me hace fijarme en algo más que el azul.
También hay dunas protegidas y pasarelas de acceso. Es fácil mirar una playa así como si fuera una superficie vacía a nuestra disposición, pero el paisaje incluye todo eso que queda detrás de la arena. Yo me quedo con una idea bastante simple: entrar por los accesos preparados y disfrutar del lugar sin buscar atajos para una foto.
Ses Platgetes me llama por otra razón. Allí se alternan arena y roca, con sabinas y pasarelas entre los accesos. Esa costa mira al norte y el viento de tramontana puede levantar oleaje. Así que la elegiría por cómo esté el mar ese día, aunque las imágenes guardadas en el móvil sean estupendas.
Migjorn, en cambio, ocupa una larga franja de la costa sur. Dentro de ese nombre hay distintos tramos, como Es Ca Marí, Es Arenals o Es Copinar, separados por zonas de roca y arena. No basta con poner “Migjorn” en el mapa y pensar que cualquier acceso lleva al mismo sitio.
Me gusta tener claras esas diferencias. Hay días en los que apetece caminar y mirar la costa; otros, encontrar un tramo cómodo y pasar horas allí. Para elegir, eso me sirve más que saber cuál quedó primera en una clasificación de playas.
Sant Francesc merece algo más que una parada para comprar agua
Cuando pienso en una isla pequeña, tiendo a poner los pueblos entre una playa y la siguiente. Sant Francesc me parece un buen motivo para corregir esa costumbre.
Su iglesia se terminó en 1738 y se concibió también como fortaleza defensiva. El aspecto austero y la puerta revestida de hierro tienen que ver con aquella función, en un contexto marcado por el recuerdo de la piratería. Es una explicación breve, pero suficiente para que la visita tenga otro interés.
Cerca está la pequeña capella de sa Tanca Vella. Además, Sant Francesc reúne espacios de exposiciones y el Centre Antoni Tur “Gabrielet”, relacionado con la artesanía local. Me gusta que un paseo pueda ir por ahí: una plaza, un edificio que te hace preguntar algo, una exposición que quizá encaje con tus gustos.
También hay tiendas de ropa, decoración y joyería en las calles centrales. No necesito volver con una compra para disfrutar mirando. A veces me interesa más cómo alguien ha escogido los objetos de una tienda pequeña que una larga lista de recuerdos típicos que supuestamente debería llevarme.
Lo que me atrae del pueblo es precisamente poder dedicarle un rato sin tener que justificarlo con una gran atracción. Sentarse, curiosear y ver qué exposición hay ese día ya me parece un plan. Si al final eso ocupa parte de la mañana, la playa puede esperar.
En La Mola hay una razón para mirar también hacia dentro
El faro de La Mola está en el extremo oriental de Formentera, junto a un acantilado de unos 120 metros sobre el mar. Con ese entorno, entiendo perfectamente que las vistas se lleven casi toda la atención.
Pero el detalle que más me ha sorprendido al revisar la información actual es su espacio cultural. Desde 2026 está dedicado a difundir el patrimonio artístico y cultural de la isla, con una colección permanente de 56 obras donadas por Cati Verdera, de artistas vinculados a Formentera.
Esto sí me cambia la visita que tenía en mente. La imagen del faro invita a llegar, mirar el horizonte y seguir. Saber que dentro hay una colección de arte me da otra razón para ir, sobre todo si me apetece alternar playa con algo diferente.
Me interesa ver cómo se relacionan los artistas con un lugar al que yo me acerco desde fuera. No espero que todos pinten el mismo mar ni busco reconocer cada paisaje. Me parece una buena oportunidad para encontrar otras miradas sobre la isla.
Al lado del faro hay además un monolito dedicado a Julio Verne por la referencia a Formentera en Héctor Servadac. Entre eso y la colección, ya tengo más curiosidad que cuando solo conocía la silueta blanca sobre el acantilado. Para entrar al espacio cultural comprobaría su horario antes de subir; la visita al exterior y la exposición son dos planes distintos.
Hay una Formentera entre los puntos del mapa
Otra cosa que me ha llamado la atención al mirar las rutas oficiales es el paisaje de los trayectos. En la ruta entre Es Carnatge y Es Arenals, por ejemplo, se describen huertos, higueras apuntaladas, viviendas dispersas y paredes de piedra seca. Son detalles que apenas aparecen cuando buscas únicamente playas.
Ese tramo une la costa de Tramuntana con la de Migjorn. Me atrae porque permite pensar en la isla de lado a lado, pasando por un entorno agrícola, en vez de saltar mentalmente de una orilla a otra.
El Camí de sa Pujada tiene otro carácter. Es un camino histórico de subida hacia La Mola, con pendiente, que forma parte de la ruta verde 25. No lo trataría como un paseo improvisado en chanclas después del baño. Si lo eligiera, le daría su propio espacio y llevaría calzado para caminar.
También me parece útil entender qué hay bajo el agua. La posidonia es una planta marina, aunque a menudo la llamemos alga. Sus praderas aportan oxígeno, sirven de refugio a otras especies y contribuyen a conservar el litoral.
Incluso las hojas que llegan a la orilla tienen una función protectora frente a la erosión. Ese dato me parece especialmente bueno para viajar con expectativas más realistas. Una playa puede tener restos naturales sobre la arena y seguir siendo un lugar que merece cuidarse. No todo tiene que verse como una foto recién retocada.
Cruzar desde Ibiza me parece el principio del plan
Si el viaje empieza en Ibiza, el ferry es la parte práctica que conecta todo esto. Al consultar las opciones de Clubtickets vi el trayecto de Sea Experience desde Figueretas o Playa d’en Bossa hasta La Savina, con ida y vuelta en el día. Me sirve como opción para una escapada; la fecha concreta es la que manda al comprobar las salidas.
Una vez resuelto cómo llegar, mi elección estaría entre dos ideas bastante distintas. Si me apetece sobre todo mar, escogería una playa y disfrutaría de ella sin añadir desplazamientos por compromiso. Si tengo más curiosidad por la isla, me atrae dedicar tiempo a Es Caló o a Sant Francesc y dejar que el baño sea una parte del día.
La Mola me hace pensar en una visita más larga. Entre el entorno del faro, la exposición y las ganas de ver algo del interior, me daría pena encajarlo todo a presión en unas pocas horas. No necesito volver diciendo que he visto cada sitio que llevaba apuntado.
Ahora mismo, lo que más ganas me da es acercarme a esos varaderos de Es Caló y entender mejor cómo se usan. Después, buscar algo para comer y decidir si apetece playa o seguir paseando. La foto del agua seguramente caería también, claro. Pero ya tengo unas cuantas razones más para cruzar.